El sentido del equilibrio

Nuestros oídos no solo juegan un papel importante en la forma de comunicarnos e interactuar con el mundo, sino que también son importantes para poder mantener el equilibrio de nuestro cuerpo.

El sistema de equilibrio o el sistema vestibular se controla mediante señales que van desde el cerebro hasta los ojos, oído interno y hasta su piel y músculos.

El Speech Language Hearing Association estadounidense (ASHA) ofrece una explicación concreta sobre cómo el oído interno desempeña un papel en el equilibrio.

En el oído interno, el sistema del equilibrio consta de tres canales semicirculares que contienen fluido y sensores que detectan el movimiento de rotación de la cabeza. Cada uno de los canales semicirculares se encuentra en un ángulo diferente y está situado en un ángulo recto entre sí.

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Los canales semicirculares se ocupan de diferentes movimientos: de arriba a abajo, de lado a lado, y la inclinación de un lado al otro. Todos contienen células ciliadas sensoriales que se activan por el movimiento del fluido del oído interno (endolinfa).

A medida que la cabeza se mueve, las células ciliadas de los canales semicirculares envían impulsos nerviosos al cerebro por medio del nervio acústico. Los impulsos nerviosos se procesan en el cerebro para ayudar a saber donde estamos en el espacio o si nos estamos moviendo.

Situados cerca de los canales semicirculares encontramos el utrículo y el sáculo. Los extremos de los canales semicirculares se conectan con el utrículo, y este a la vez se conecta con el sáculo. Los canales semicirculares proporcionan información sobre el movimiento de la cabeza.

Las células ciliadas sensoriales del utrículo y sáculo proporcionan información al cerebro sobre la posición de la cabeza cuando no está en movimiento. El utrículo es sensible a cambios en el movimiento horizontal, mientras que el sáculo es sensible al cambio en la aceleración vertical.

A veces, el líquido en el oído interno continúa moviéndose incluso cuando estamos parados haciéndonos sentir mareados o con sensación de pérdida de equilibrio.

Podemos entender mejor este efecto mediante el siguiente ejemplo: llenamos un vaso con agua hasta la mitad y luego lo movemos con un movimiento circular. Cuando el vaso se detiene el agua está todavía en movimiento.

Nuestro sistema de equilibrio es importante no sólo para poder permanecer de pie, sino también por la forma en que corremos, caminamos y nos movemos.

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