Psicología en la pérdida de audición

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La pérdida de audición nos roba los sonidos diarios que añaden textura a la vida cotidiana. Nos aparta de nuestros círculos sociales y nos limita el proceso de comunicación. Además puede tener profundos efectos psicológicos al dificultar, incluso, las intenciones de buscar ayuda.

Los familiares de la persona con problemas de audición deben de ayudar a su ser querido a recuperar lo que la pérdida de audición les ha quitado. Cuanto antes mejor. La buena noticia es que se puede mejorar enormemente con los dispositivos auditivos actuales o audífonos. Esta ayuda puede provocar profundas mejoras en la calidad de vida.

Sorprendentemente, muchas personas con pérdida de audición rechazan esta ayuda, aunque su entorno les anime a buscar una solución. Las razones de esta paradoja están ligadas a la compleja psicología de la pérdida de audición. Como condición que afecta directamente al cerebro, la audición está íntimamente implicada en nuestra identidad, nuestra sensación de integridad y nuestra habilidad de conectarnos con el mundo que nos rodea. Al comprender algunas de las condiciones mentales y emocionales que la gente vive a medida que su audición decrece, podemos estar mejor preparados a ayudar a nuestros seres queridos a la hora de volver a nueva vida auditiva más satisfactoria y saludable.

Con pérdida de audición viene el dolor

Hay tantos perfiles psicológicos como personas que sufren pérdida auditiva. Los adultos varían sus respuestas en función de la edad, su momento vital, su seguridad personal, estado emocional así como los efectos acumulativos de su experiencia vital. Muchas personas con pérdida de audición experimentan una sensación de dolor que a su vez les provoca rabia.

Para la mayoría de adultos que tienen una pérdida de audición, el problema auditivo es visto como un signo de la edad que ocurre junto a la merma de otras capacidades psicológicas. El remedio para esto – audífonos y packs auditivos adecuados – no es visto como un signo de independencia y empoderamiento, sino como un signo de debilidad e incapacidad que se asocian a la juventud. Esta es una de las razones por las que es tan común resistirse a poner unos audífonos.

Otro reto importante es saber gestionar la psicología de la rabia debido a la pérdida de capacidad y juventud. Los terapeutas de la audición observan a menudo las etapas de la rabia: Negación, Rabia, Negociación, Depresión y finalmente Aceptación. La Negación se desencadena porque, a diferencia de otras pérdidas, la pérdida de audición es invisible.

La pérdida de audición no es tan evidente. No se ve ante un espejo, como un corte de pelo o un mechón, lo que hace que sea fácil ignorarla al principio. Una vez el problema no puede ser ya negado, podemos ver episodios de Rabia: hacia los familiares, los audífonos, los profesionales. Deben estar tranquilos, la rabia forma parte del proceso. La Negociación es el tercer paso y se presenta en la forma de aceptación condicional que podemos verla en forma de posposición de la decisión de realizar una exploración audiológica En el cuarto paso, la Depresión viene acompañada del conocimiento total de la situación y viene acompañada de la falta de esperanza y la retirada. Este es el momento en el que los familiares y amigos deben apoyar con más firmeza a la persona. Además es el paso a último y más provechoso paso: la Aceptación. Conocer este proceso ayuda a los cuidadores de la persona a saber si es el momento oportuno para buscar ayuda, realizar una evaluación audiológica e iniciar un proceso de adaptación de audífonos.

Cuando una pérdida de audición provoca una crisis de identidad

Un segundo factor muy importante es el momento vital en el que se encuentra la persona ya que esto afecta a la auto-percepción de identidad. Aunque todos los adultos pasan por una fase de Rabia, no todos se acercan de la misma forma y velocidad a la Aceptación.

Los jóvenes son más capaces de incorporar su nueva situación a sus personalidades que las personas mayores. Son más capaces de decir “De acuerdo, tengo un problema auditivo. Esto es parte de lo que soy”. Una vez que lo aceptan, les es más fácil buscar ayuda y adaptarse a su nueva situación. En cambio, a edades más avanzadas, cuando la imagen de uno mismo como persona que escucha perfectamente está muy desarrollada, es más difícil aceptar la pérdida. Su diálogo interno es “Esto no es lo que yo soy, ni por asomo”. Esto puede ocultar una crisis de identidad, así como la ansiedad y depresión que van acompañadas.

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