Pérdida auditiva y depresión

Mucha gente opina que una pérdida auditiva no es tan grave como padecer otras enfermedades y discapacidades. Sin embargo, cuando te sientes aislado de los tuyos, tu perspectiva cambia.

Como en muchos otros casos, la pérdida de audición no ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso lento e insidioso, que según los especialistas en oído puede ocupar hasta 30 años para desarrollarse.

Desafortunadamente, una vez que la pérdida de audición es evidente, mucha gente todavía demora la decisión de conseguir ayuda. En el momento en que finalmente lo hacen, ya pueden estar sufriendo cambios mentales, como la depresión.

 

Depresión: Un problema crónico

Diversos estudios de investigación indican que a medida que aumentan los problemas de salud, aumenta el riesgo de depresión. Es una forma de afligir nuestras pérdidas. Los médicos saben que la depresión forma parte de una enfermedad crónica. El dolor continuo o el malestar que afecta a la independencia o la movilidad de las personas, así como el ajuste a las nuevas limitaciones impuestas por una enfermedad, pueden provocar una reacción psicológica y emocional.

Los estudios de la Asociación Americana de Psiquiatría indican que las personas con enfermedades crónicas tienen entre un 25% y un 33% de probabilidades de deprimirse. Para aquellos sin enfermedades crónicas, las posibilidades son mucho más bajas, entre el 10% y el 25% para las mujeres y entre el 5% y el 12% para los hombres.

¿Puede la pérdida de audición estar relacionada con una enfermedad crónica? Ciertamente es una de las más frecuentes. Según los Institutos Nacionales de Salud, la pérdida de audición es una de las condiciones más comunes que afectan a los adultos.

Aproximadamente un tercio de la población con edades comprendidas entre los  65 a 74 años de edad y casi la mitad de los mayores de 75 años tienen pérdida auditiva relacionada con la edad llamada presbiacusia. Entre las personas de la tercera edad, la pérdida auditiva es la tercera condición más prevalente, detrás de la artritis y la hipertensión.

 

Dejar de sentirse discapacitado

Hace varios años, el Consejo Nacional sobre el Envejecimiento (NCOA) llevó a cabo un estudio sobre los efectos de una pérdida auditiva no tratada en adultos y sus familias. Encuestó a 2.300 personas con discapacidad auditiva mayores de 50 años y encontró que aquellos con una dolencia auditiva no tratada, eran más propensos a sufrir de depresión, tristeza, ansiedad e incluso paranoia.

Los efectos negativos de la pérdida auditiva pueden reducirse significativamente con los audífonos, aunque algunas personas demoran el tratamiento o se resisten a conseguirlo por completo. ¿Por qué una persona con problemas de audición no usa audífonos? La negación, la vanidad y el esfuerzo económico son tres de las principales razones citadas por los encuestados. Dos tercios dijeron que su audición no era tan mala. Cerca de la mitad mencionó el precio de los audífonos. Y uno de cada cinco manifestó su preocupación por el hecho de que un audífono les haría sentirse mayores.

En lugar de obtener ayuda, estas personas se van aislando, lo que lleva a suposiciones erróneas de que estas personas están confundidas, no responden, o no son cooperativas. Por supuesto, nada podría estar más lejos de la verdad.

A veces, en los casos de una depresión severa, duradera o crónica, la búsqueda de ayuda profesional podría ser lo más adecuado. Pero en muchos casos el alivio está, literalmente, dentro del propio oído. De hecho, numerosos estudios han demostrado repetidamente que los audífonos pueden mejorar la calidad de vida de las personas mejorando la comunicación, la interacción social y el estilo de vida en general.

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