Estrés y Ruido

Según el CRAI (Centre de Recursos per a l’Aprenentatge i la Investigació) de la UB (Universitat de Barcelona), la principal consecuencia de los efectos psicológicos del ruido es la sensación de desagrado, molestia y pérdida de concentración que puede derivar en un cuadro de estrés ambiental. Aquello que puede provocar estrés ambiental, no es tanto la variable física como la evaluación que se hace de la situación en la que esta variable se presenta. Esta es la idea que está en la base, por ejemplo, del modelo de estrés ambiental de Lazarus.

El modelo desarrollado por Richard Lazarus (Lazarus, 1966; Lazarus y Cohen, 1977; Lazarus y Folkman, 1984) se centra básicamente en los procesos cognitivos que se desarrollan en torno a una situación estresante.

Según V. Gómez (2005), para el autor el estrés es un proceso de transacción entre una situación (interna o externa) que posee determinadas características y una persona que valora la situación en función de sus propias metas, valores, experiencia, etc. En el marco de esta perspectiva transaccional, para que se presente el fenómeno del estrés, es importante que la persona perciba un desbalance entre las demandas externas o internas y los recursos que están a su disposición para superar esas demandas.

Según el CRAI (2019), una variable sumamente predictora de los efectos psicológicos asociados a situaciones de estrés es la actitud que la persona o grupo tienen ante la fuente productora de ruido. Si la actitud es negativa, es decir, si la fuente genera sentimientos negativos, es más probable que la situación sea vivida como molesta o estresante

Si el ruido es percibido como innecesario

– Si el receptor concibe el ruido como perjudicial para su salud

– Si el ruido se asocia a situaciones emocionales negativas como miedo, pánico, ira, etc.

– Si existe sensibilidad o descontento con otros aspectos situacionales (ambientales o no) que son conceptualizados como estresantes.

Otras variables que contribuyen a incrementar los efectos psicológicos del ruido son la intermitencia y la imprevisibilidad. Glass y Singer (1972) estudiaron como los ruidos intermitentes suelen ser vividos como más agresivos que los continuados.

Por otro lado, el ruido suele molestar mucho más si la intermitencia es aperiódica (segunda variable), si es más difícil de predecir que no si la intermitencia es regular. De hecho, el factor de imprevisibilidad es el más determinante de los efectos adversos. Tanto es así que si un ruido pasa a ser predecible sin reducir la intensidad, muchos efectos disminuyen o desaparecen (CRAI, 2019).

Cuando nos exponemos a niveles altos de ruido pueden provocar trastornos en la salud mental como:

  1. Cefaleas (dolor de cabeza)
  2. Inestabilidad emocional
  3. Irritabilidad
  4. Agresividad
  5. Síntomas de ansiedad.
  6. Depresión
  7. Neurosis

Además de otros síntomas relacionados con la salud como:

  1. Dificultad para la comunicación oral.
  2. Disminución de la capacidad auditiva.
  3. Perturbación del sueño y descanso.
  4. Zumbidos y tinnitus, en forma continua o intermitente.
  5. Efectos sobre el rendimiento.
  6. Alteración del sistema circulatorio.
  7. Alteración del sistema digestivo.
  8. Aumento de secreciones hormonales (tiroides y suprarenales).
  9. Trastornos en el sistema neurosensorial.
  10. Disfunción sexual.
  11. Otros efectos

En definitiva, a la hora de explicar los efectos más o menos intensos que la persona puede sufrir, el factor determinante será la capacidad de afrontamiento del sujeto ante una situación ambiental ruidosa.

Bibliografía

Gómez, O.V. (2005). Richard Stanlev Lazarus (1922-2002). Revista Latinoamericana de Psicología, 37(1), 207-209. Recuperado de https://www.redalyc.org/pdf/805/80537112.pdf

Centre de Recursos per a l’Aprenentatge i la Investigació (CRAI) 31 de Enero de 2019. Recuperado de http://www.ub.edu/psicologia_ambiental/unidad-4-tema-8-2-2

Centre de Recursos per a l’Aprenentatge i la Investigació (CRAI) 31 de Enero de 2019. Recuperado de http://www.ub.edu/psicologia_ambiental/unidad-4-tema-9-3-2

Glass, D. C., & Singer, J. E. (1972). Urban stress: Experiments on noise and social stressors. New York: Academic Press.

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