Discapacidad Auditiva y Salud Mental

La comunicación es una parte vital a la hora de hablar de psicopatología en personas con discapacidad auditiva.

Las personas con discapacidad auditiva presentan diferentes competencias a la hora de comunicarse. La edad de inicio de la sordera marca la diferencia a nivel comunicativo, diferenciaremos 2 tipos:

  1. Prelocutivas: aparece antes de la adquisición del lenguaje
  2. Postlocutivas: aparece después de la adquisición del lenguaje

Cada persona con discapacidad auditiva tiene su forma preferida para comunicarse, algunos optan por comunicarse en lengua oral, otros mediante lectura labial y/o mediante la Lengua de Signos. Además, muchas personas con discapacidad auditiva utilizan ayudas para la audición, como pueden ser audífonos o implantes cocleares.

Pese a tener diferentes recursos para comunicarse, el acceso a los estudios superiores es muy complicado para estas personas, en muchas ocasiones requieren la presencia continua de un Intérprete en Lengua de Signos y por falta de recursos desisten en la continuidad de sus estudios. Esta situación deriva en la escasa existencia de profesionales sordos en salud mental (psicólogos, trabajadores sociales, etc.).

Las personas con discapacidad auditiva, como portador de una peculiaridad que lo distingue del resto de la sociedad, difieren de la misma en algunas vivencias a lo largo de sus vidas. Estas vivencias no deben ser consideradas patológicas ‘per sé’ y por tanto, se debe evitar la relación directa entre la sordera y la enfermedad mental.

Un factor común en las personas con discapacidad auditiva es el aislamiento en una sociedad mayoritariamente oyente. El propio aislamiento puede ser generador de enfermedades mentales en estos pacientes.

Los datos de las recientes investigaciones sobre la salud mental en adultos sordos prelocutivos muestran que este colectivo tiene una mayor probabilidad de ser diagnosticado de trastornos de personalidad, trastornos adaptativos o de comportamiento y trastornos de somatización. Por otro lado, estas investigaciones indican que presentan la misma probabilidad de sufrir esquizofrenia, trastorno de personalidad paranoide y depresión.

A continuación expondremos las posibles causas de psicopatología en personas con discapacidad auditiva. La literatura menciona una serie de características cognitivas y emocionales propias, que comienzan en el nacimiento y que influiría a la hora de padecer una enfermedad mental.

  1. Carencias en el vínculo padres-hijo/a: Muchas de las dificultades emocionales y conductuales pueden derivarse de las dificultades en la elaboración de un vínculo padres-hijo/a. De hecho, la primera vivencia de aislamiento ocurre en la propia familia, ya que el 90% de las personas sordas nacen de padres oyentes.
  2. Dificultades de interacción: Las dificultades en el desarrollo de habilidades sociales se producen desde temprana edad, tanto dentro de la familia como en el entorno social del niño/al. En este caso la barrera comunicativa juega un papel crucial.
  3. Desarrollo social y emocional: La deprivación conversacional de los niños sordos tendrá implicaciones en el desarrollo de una adecuada competencia cognitiva-social. Esta deprivación afecta y retrasa el desarrollo de la teoría de la mente y la alfabetización emocional, lo que genera dificultades para ponerse en el lugar de los demás, también para darse cuenta de los estados psicológicos e intenciones del otro.
  4. Sobreprotección parental o “sobrecontrol comportamental”: La falta de percepción objetiva por parte de la familia de las posibilidades reales de su hijo o hija induce a limitar su autonomía y, por tanto, dificulta su desarrollo. Tanto la sobreprotección como la falta de explicaciones pueden relacionarse con algunos de los rasgos frecuentemente descritos como característicos de la personalidad de los sordos: falta de autonomía e independencia, carácter impulsivo, acciones poco meditadas y no planificadas.
  5. Errores de diagnóstico: La exploración psicopatológica debe ser realizada en el registro de comunicación habitual del paciente. La forma de expresar sus problemas psicopatológicos es también diferente, debido a la distinta estructuración del lenguaje. Los problemas de comunicación o la ausencia de comunicación directa entre el paciente y el profesional se correlaciona tanto con infradiagnóstico como con sobrediagnóstico. Por otra parte, no contamos con test psicométricos adaptados y validados en población sorda, lo cual dificulta la evaluación neuropsicológica.

En definitiva, creemos necesario el conocimiento de las características culturales propias de los sordos y de su comunidad a la hora de realizar un diagnóstico, ya que se puede caer con cierta rapidez en errores, creando estigmatizaciones innecesarias a un colectivo bastante castigado y olvidado por nuestra sociedad.

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