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La orquesta de jóvenes que rompe barreras

Ser sordo no es un obstáculo para ser músico. Un ejemplo: un niño que nació con una sordera genética progresiva.

Ahora, con 12 años, tiene una pérdida severa y siente gracias a un implante coclear. Este aparato se implanta en la cabeza y transforma las señales acústicas en señales eléctricas que estimulan el nervio auditivo y permiten escuchar.

Con solo 8 años, le regalaron un saxo y empezó su relación con la música. La evolución fue espectacular.

Cinco meses después, ya tocó en un programa de máxima audiencia de la televisión. Pero su minuto de gloria estuvo en el Parlamento Europeo, cuando hizo levantar de los escaños a todos los diputados cuando interpretó el Himno a la Alegría.

 

La Joven Orquesta Graeme Clark (JOSV)

El joven es uno de los miembros de la docena de niños y niñas de entre 8 y 17 años que forman la Joven Orquesta Graeme Clark.

Todos llevan un implante coclear y la agrupación se llama como el profesor australiano que hizo los primeros implantes.

El proyecto nació en el Hospital Sant Joan de Déu, un centro de referencia en la diagnosis y tratamiento de estas sorderas. Pero el impulso definitivo los lo ha dado la Orquesta Sinfónica del Vallès, que los ha incluido en su proyecto social «Beethoven 250«.

El programa incluye talleres de música, la creación de una partitura que tocarán conjuntamente con la Orquesta Sinfónica del Vallès, en un concierto en el Palau de la Música, e interpretar juntos el Himno a la Alegría, también en el Palau.

El objetivo final no se que sean grandes músicos, sino que se den cuenta que, a pesar de tener alguna discapacidad, pueden hacer el que quieran y llegar allá donde se propongan.

 

Fuente: https://www.ccma.cat/

 

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